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Me gusta tu doncella

Me gusta tu doncella

Corín Tellado

“Chus observó que el esposo fruncía el ceño. Era un hombre paciente, sin duda. Pero todo tiene un límite. Y Chus cada noche esperaba que el marido estallase, si bien nunca lo hacía, pues todo lo más regañaba con, voz suave, apuntaba los pros y los contras, pero al final la esposa se marchaba perfumada y enjoyada y con el bolso lleno de billetes. —Te lo digo por última vez, Inés, es demasiado. Las cosas no están para tomarlas a broma. Lo que tú gastas en el juego es un despilfarro considerable e increíble. No entiendo, además, cómo te puede divertir una cosa así.”

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