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Sin piedad

Sin piedad

Corín Tellado

"Amanecía. Japp Paynter se tiró del camastro y restregó sus ojos. Eran éstos azules, acerados, fríos como este duro metal. Su piel morena, curtida áspera a fuerza de soportar el aire y el sol, la cubría una barba rubia, rizada. Señor, señor —gritó una voz ronca desde el exterior—, Señor, señor… Japp no se inmutó. Diríase que no había oído a Iván. —Señor, señor… —¿Qué le pasa a ese hijo de Satanás? —rezongó. —Señor, señor…"

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